
Mujeres y triple jornada
21 marzo, 2025
Conciliación (no solo) laboral y familiar
24 marzo, 2025Las mujeres siempre han trabajado, y su incursión en el mercado laboral se produjo porque, hasta ese momento, se les había mantenido apartadas del mismo. La división sexual del trabajo se refiere a la distribución de tareas en función del sexo biológico. Este reparto se ha basado en el binarismo de los trabajos entendidos como “productivo” y “reproductivo”. A pesar de las diferencias biológicas, esta división se ha sustentado sobre estereotipos que han dado lugar a los roles de género.
Trabajo reproductivo como sostenimiento del trabajo productivo
El informe “La cuenta de los cuidados” de Intermon Oxfam señala que el trabajo del cuidado condiciona el acceso de las mujeres a empleos en el mercado productivo y la acumulación de capital. Esto profundiza las desigualdades y la feminización de la pobreza. La ONG destacó en anteriores informes que en 2018 los cuidados no remunerados ocuparon 130 millones de horas en España. Esto equivale a un 14,9% del PIB.
Cuantificar el valor monetario de estos trabajos, así como las consecuencias de que los mismos no se llevasen a cabo, nos permite entender cómo el sistema productivo es interdependiente del sistema reproductivo. Es decir, si no existen personas que cuidan (en el amplio sentido de la palabra) el sistema productivo carecerá de uno de sus principales recursos: la mano de obra.
Participación de la sociedad y del Estado en los cuidados
La concepción de los cuidados como trabajo, cuantificando su valor, supone la participación de diversos agentes: estado, sector empresarial, sociedad y estructuras familiares. A raíz de la pandemia de COVID19 se demostró que “el correcto funcionamiento del mercado depende del correcto funcionamiento de las personas”. La enfermedad, así como otras variables, ponen límites a la capacidad productiva y de consumo de la gente, lo que altera profundamente el mercado.
Precisamente, durante este periodo se hizo patente el papel crucial que juegan la sociedad y el estado a la hora de intervenir en los cuidados. Redes vecinales, voluntariados gestionados a través de ONG’s y ayuntamientos, etc. Por su parte, los esfuerzos del estado fueron dirigidos a proteger a las personas trabajadoras ante su imposibilidad de acudir a los puestos de trabajo.
Tras estas experiencias, es necesario reconsiderar el concepto y la dimensión de cuidados. No se trata únicamente de una tarea que se limita a lo privado y a la esfera familiar, sino que afecta igualmente al sistema productivo. Así, los cuidados se conciben como un asunto que afecta a la sociedad en su conjunto. El estado, por su parte, debe asumir su participación y, por ejemplo, proveer de servicios públicos de apoyo al cuidado, evitando que prolifere la desigualdad en el ámbito privado o que solamente se dé respuesta a través del mercado de servicios. La configuración de un sistema de cuidados con corresponsabilidad social permitiría una mayor prosperidad económica y social, así como el acercamiento hacia la igualdad efectiva entre mujeres y hombres.
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La campaña #ImpulsarLaCorresponsabilidad se enmarca dentro del proyecto Alicia Activando la Igualdad, que forma parte del Programa Estatal FSE+ de Inclusión Social, Garantía Infantil y Lucha contra la Pobreza que está cofinanciado por el Fondo Social Europeo + (2021ES05SFPR003) y cuenta con el apoyo del Ministerio de Derechos Sociales.

